I. Evidencia Interna - Entendemos por evidencia interna la unidad de la Biblia en su fondo y en su forma.
A. La Unidad de su Mensaje.
Todos los autores, a pesar de haber escrito en distintas épocas y en distintos sitios, siguen una linea de pensamiento, presentan un solo tema y un solo propósito. Esto es algo maravilloso y sólo tiene una explicación posible: hubo una mente que dirigió a los escritores.
B. La Unidad en su Propósito Moral.
La Biblia es una historia de los seres humanos en relación con Dios. La Biblia en todas sus partes, tanto en la profecía como en la historia o la Salmodia. En todo persigue un fin y es el restablecimiento de las relaciones entre los hombres y Dios. En toda ella se condena el pecado y se ensalza la pureza y la santidad.
II. Evidencia Externa - Aquellos aspectos fuera de la biblia que atestiüan claramente la veracidad de la misma.
A. La Profecía.
Uno de los argumentos más fuertes para probar el origen divino de la Biblia y para demostrar que es un libro digno de ser creído y digno de confianza es la profecía cumplida. Es interesante ver por ejemplo las profecías acerca de Cristo en el Antigüo Testamento y constan su fiel cumplimiento en el Nuevo. Hay muchas profecías que aún no se han cumplido pero el hecho de que algunas se han cumplido nos hace creer que las demás se cumplirán. Recordemos que la Biblia es un libro principalmente profético y que ésto le hace ser un libro distinto a los demás.
B. La Preservación de la Biblia.
Ya hemos dicho que la Biblia ha sido atacada como ningún otro libro. A pesar de eso no ha podido ser destruída, antes cada día se traduce a nuevos idiomas y las prensas siguen sacando miles y miles de ejemplares para satisfacer la demanda cada vez más creciente. Eso en sí es un milagro y nos señala que la Biblia es un libro de origen divino digno de ser creído y obedecido.
III. Evidencia Espiritual - El cambio operado en los hombres que estudian la Biblia.
Los casos abundan en cualquier sitio donde se haya predicado el Evangelio y haya sido recibido. Los hombres que han venido en contacto con las enseñanzas de la Biblia han empezado inmediatamente un proceso de superación moral. Los resultados son visibles inmediatamente. El ladrón deja de robar, el vicioso deja sus vicios, el hombre depravado aciende al trono de honor. Y es maravilloso el efecto de las doctrinas de este Santo Libro. ¿Cuál otro libro ejerce la misma influencia en el hombre que lee? Ninguno... la Biblia no es un libro, ES EL LIBRO.
IV. Evidencia Literaria - La seriedad y honorabilidad de los hombres, que como instrumentos de Dios, escribieron las páginas de la Escritura.
Un estudio detallado de los autores de la Escritura revelará que fueron hombres de Dios que bajo ningún concepto quisieron engañar sino por el contrario, hablaron siendo inspirados milagrosamente para ello. La autoridzd y fe de un documento histórico cualquiera depende de su autenticidad, su integridad y su veracidad. Es auténtico si realmente pertenece al autor; íntegro si ha llegado hasta nosotros como salió de las manos del autor; sin cambios substanciales y veráz si el autor conoció al autor de los hechos y los refiere con toda sinceridad. Los libros de la Biblia reúnen estos tres requisitos, luego su valor histórico es innegable y es un libro digno de ser creído, amado y obedecido.
Categorías Estudios Bíblicos
EVIDENCIAS DE LA CREDIBILIDAD DE LA BIBLIA
DISPOSICIONES NECESARIAS PARA EL ESTUDIO PROVECHOSO DE LAS ESCRITURAS
Ya hemos estudiado que la Biblia es la revelación de Dios. Por ella podemos conocer Su carácter y saber como adorarle en una forma correcta y agradable ante Sus ojos. Es el privilegio de toda persona que lea la Biblia. Pero nos damos cuenta que muchos la leen y no sacan el verdadero provecho de ella. La razón es que no leen el Santo libro con el verdadero espíritu con que debe leerse. Estudiemos a continuación algunas disposiciones necesarias para el estudio provechoso de las Escrituras.
1. SE NECESITA UN ESPIRITU RESPETUOSO.
Por ejemplo, un hijo irreverente, ligero y frívoro, ¿qué caso hará de los consejos, avisos y palabras de su padre? La Biblia es la revelación omnipotente. Es el milagro permanente de la soberana gracia de Dios. Es el código divino sellado con la sangre de Cristo. Ante tal maravilla, el hombre irreverente se hallará como el ciego ante los majestuosos Alpes de Suiza, o peor aún, como el insensato que echa lodo sobre el monumento artístico, al que todo el mundo admira. He aquí el Espíritu, a la vez reverente y humilde con que contemplaban la Palabra de Dios, los cristianos del primer siglo. "Damos gracias a Dios sin cesar de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de nosotros recibísteis no palabra de hombre, sino, según es en verdad, la palabra de Dios." (I Tes. 2:13) Ahora, fíjese lo que dice Dios: "A aquel miraré que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra." (Isa. 66:2) Estudie la Biblia con este sentimiento de humildad y reverencia y descubrirá, como el Salmista, "las maravillas de su ley."
2. LA BIBLIA DEBE ESTUDIARSE CON ORACION.
En nuestra oración debemos pedir la asistencia del Espíritu Santo para poder comprender las lecciones que Dios ha querido enseñar por medio de Su Palabra. La oración del salmista debe ser nuestra oración: "Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley". (Sal 119:18) El Espíritu Santo debe ser nuestro maestro (Juan 14:26, 16:13). La oración, además prepara nuestro Espíritu para poder oir con claridad la voz de Dios por medio de Su Santa Palabra. Hemos de encontrar pasajes difíciles de interpretar, pero, por medio de la oración podemos pedir sabiduría del Señor, según El nos lo ha prometido para obtener la interpretación correcta. (Sant. 1:5)
3. SE NECESITA UN ESPIRITU DOCIL PAR AEL ESTUDIO DE LA BIBLIA PROVECHOSO.
Pues, ¿qué se aprenderá en cualquier estudio si falta la docilidad para disponer nuestra manera de pensar y aceptar lo que es correcto? Cuando se carece de esta docilidad pasará lo que dice Pablo del "hombre animal": "El hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente." Sacrifíquese, pues, las preocupaciones, las opiniones preconcebidas e ideas favoritas y empréndese el estudio en el espíritu dócil del verdadero discípulo para ganar a Cristo. (Fil. 3:8) Debe tenerse siempre en cuanta que la obscuridad y aparente contradicción que se pudiera encontrar no reside en el maestro, ni en su infalible libro de texto, sino en el corto alcance del discípulo. (II Cor. 4:4). Pero el discípulo humilde y dócil que, abandonando a este maestro que ciega los entendimientos adopta a Cristo por su maestro, verá y entenderá la verdad, porque Dios promete "encaminar a los humiodes por el juicio y enseñará los mansos su carrera". (I Cor. 2:14, II Cor. 4:3-4, Sal. 52:9)
4. ES PRECISO SER AMANTE DE LA VERDAD.
¿Quién se cuidará de buscar con afán y recoger lo que no aprecia o estima? Es de necesidad imperiosa para el estudio de la Sagrada Escritura poseer un corazón amante de la verdad. Y téngase presente que el hombre no posee por naturaleza tal corazón, sino al contrario, un corazón que huye de la verdad espiritual y abraza con preferencia el error. "La luz vino al mundo pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz". Dice aún más, que la "aborrecieron" y en su creciente ceguedad pasaron del aborrecimiento a la persecución y de la persecución a la crucifixión del Maestro. Al que estudia la Biblia con el supremo deseo de encontrar en ella la verdad, "el Padre de Gloria dará espíritu de sabiduría y de revelación" para su conocimiento. (I Ped. 2:1-2, Ef. 1:17, Juan 3:19-20, Sal. 25:14, Juan 7:17)
5. DEBE SER PACIENTE EN EL ESTUDIO.
¿Qué adelanto hará una persona impaciente e inconstante en cualquier trabajo que emprenda? Para el estudio provechoso de la Biblia se necesita esta virtud. Al decir Jesús: "Escudriñad las Escrituras" (Juan 5:39) se vale de una palabra que denota el trabajo del minero que cava y revuelve la tierra buscando con diligencia el preciso mineral. Las Escrituras, necesariamente eben ser ricas en contenido e inagotables, como las entrañas de la tierra. Y por lo mismo, sin duda, Dios ha dispuesto que en algunas partes fuesen profundas y de difícil penetración. Por otra parte, el fruto de la paciencia es deleitoso y cuanto más paciencia se ha empleado para encontrar un tesoro, tanto más se aprecia y tanto más felicidad produce. En el estudio de las Escrituras debemos manifestar esa "nobleza" que manifestaron los cristianos de Berea de quienes nos dice la Biblia que "fueron más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues, recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras". El estudio paciente de las Escrituras nos hará exclamar como el salmista: "!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca." (Hech. 17:11, Sal. 119:103)
LEYES DE INTERPRETACION DE LAS ESCRITURAS
Cualquier libro escrito tiene palabras, ideas u oraciones que necesitan explicación. ¡Cuánto más la Biblia! Es un libro escrito con temas que abarcan el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, lo visible y lo invisible, lo material y lo espiritual; un libro que fue escrito por personas de varias naturalezas y en épocas remotas, en países distantes entre sí y en medio de gentes de costumbres diferentes y más que eso, en un idioma que no es el nuestro. Es cierto que todos los hombres tienen derecho de leer e interpretar las Sagradas Escrituras, pero no caprichosamente; lo que ha traído por consecuencia tantos errores y tantas herejías, sino ciñendose a las leyes de interpretación. El estudio de las leyes de interpretación de las Escrituras se le llama Hermenéutica. En seguida se encuentran algunas leyes de interpretación.
1. La misma Biblia es el mejor intérprete de la Biblia.
Esta es la regla fundamental, el principio básico para entender o interpretar la Palabra de Dios. Sin peligro de poder añadir o quitar lo que sabemos que es condenado por el mismo libro. (Apoc. 22:18-19) Un pasaje aclara otro, o da la interpretación correcta. Es Dios mismo interpretando SU PALABRA. Por lo tanto, esta interpretación debe ser preferida y respetada por encima de todas las que el hombre quiere formular. Ninguna persona está tan autorizada para interpretar su documento como su propio autor; por lo cual Dios, que es el autor de la Biblia, es el mejor que puede explicarla. (Sal. 22:18 y Mat. 27:35, Juan 16:16 y 16:19).
2.Un pasaje debe entenderse literalmente, a menos que el contexto o las condiciones del caso hagan que tal interpretación sea imposible o poco probable.
En la Biblia, como en cualquier libro, hay dos maneras de expresión: literal o figurada. Es literal la expresión: literal o figurada. Es literal la expresión donde las palabras se usan en un sentido o significado recto y absoluto. Ejemplo: "y lloró Jesús", "ycerca de la cuarta vigilia de la noche, vino a ellos andando sobre el mar". Ahí no hay nada que interpretar. Cuando dice que "lloró", significa que lloró como lo hacen todas las personas y cuando dice que "andaba sobre las aguas:, quiere decir que andaba sobre ellas como anda uno de nosotros sobre la tierra. Es lenguaje figurado aquel en el cual las palabras no conservan su propio significado.
Por ejemplo: "Toda carne había corrompido su camino sobre la tierra". Las palabras "carne" y "camino" están usadas en sentido figurado; "carne" está usada en lugar de "persona" y "camino" en sentido de "costumbre, modo de proceder o religión". El versículo quiere decir: Toda persona había corrumpido sus costumbres, modo de proceder a su religión. En muchas ocasiones se ha abusado de esto y se ha creído que todo es figurado.
Algunas al interpretar el Sal. 8:7-8 en forma figurado han dicho que los bueyes y las ovejas allí mencionadas se refieren a los creyentes y las aves y los peces se refieren a los inconversos; formulando de esto la doctrina de que todos los hombres, quieren o no, estan en las manos del Señor. Todo el error se debe a que el pasaje no es figurado sino literal.
Por lo tanto se establece esta ley de interpretar la Biblia literalmente hasta donde las circunstancias lo permitan. Hay pasajes que al solo verlos se sabe si son literales o figurados. En otros casos debemos estudiar el contexto y los pasajes paralelos para saber como hemos de tomas las palabras para una recta interpretación.
3. Entre dos interpretaciones igualmente posibles debe escogerse la más natural y evidente.
Esto no merece discutirse. Hay pasajes que cuando se estudian a fondo, ofrecen dos o tres posibles soluciones. Entre ellas el intérprete de la Biblia debe escoger la más natural y la más evidente, tratando en todo de conocer el propósito del Espíritu Santo al hablar en tal o cual forma.
4. Claves para la interpretación correcta de una palabra o frase obscura.
Tanto en la Biblia, como en cualquier otro libro, hay palabras y frases cuyo significado varía mucho, según el sentido de la oración o argumento en que se emplean. Para determinar cual es el pensamiento que se propone expresar el autor se necesita, en estos casos, un cuidadoso estudio.
A. Si se trata de una palabra cuyo significado no es claro, debe tomarse en consideración la frase en que aparece; si es una frase dudosa, debe tomarse en cuenta la oración completa. Pudiéramos decir que éste es el primer tribunal donde se juzga la palabra o frase dudosa para encontrar su recta interpretación. Por ejemplo: La palabra FE, ordinariamente significa confianza, pero tiene también otras acepciones. Leemos de Pablo, por ejemplo: "Ahora anuncio la fe que en otros tiempos destruía". Del conjutno de esta frase vemos claramente que la fe aquí significa creencia o sea, la doctrina del Evangelio. Al decir los judíos: "Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos" usaron la palabra sangre en sentido de la culpa y sus consecuencias por haber dado muerte al inocente Hijo de Dios.
B. En muchos casos la frase o la oración no dan la luz suficiente para interpretar correctamente, entonces se apela al contexto o sea a la porción que está antes y después del texto incluyendo así todos los versículos que tengan que ver con el texto. Por ejemplo: Al decir Pablo, "Podéis entender cual sea mi inteligencia en el misterio de Cristo: quedamos un poco dudosos en relación con la palabra misterio. Pero leyendo los versículos que están antes y después de éste nos damos cuenta que la palabra misterio aquí empleada se aplica a la participación de los gentiles en los beneficios del Evangelio.
C. Cuando los recursos anteriores fallan para poder interpretar correctamente una palabra o frase, debemos de tratar de explicarla a la luz del objeto y designio donde se encuentra. El propósito del libro se entiende leyendo el libro. En algunos casos el mismo libro dice claramente cual es su propósito. Por ejemplo: El propósito de toda la Biblia se encuentra en Rom. 15:4 y II Tim. 3:16-17; el propósito de los Evangleios está claro en Juan 20:31 y el de la segunda Epístola de San Pedro en II Ped. 3:2. Otro ejemplo: Las epístolas de Pablo parecen estar en contradicción con la de Santiago porque una dice lo contrario de las otras. Pablo afirma que el hombre se justifica por la fe solamente, sin necesidad de las obras, (Rom. 2:23), mientras que Santiago afirma que si alguno tiene fe y no tiene obras, su fe es muerta. (Sant. 2:14, 17,20).
La presente contradicción que hay aquí desaparece cuando se toman en consideración los designios de ambos libros. Pablo escribe para refutar el error de los que confiaban en las obras de la ley Mosaica para su justificación delante de Dios y hace bien claro que el hombre delante de Dios se justifica solamente por fe; mientras que Santiago no está hablando de la justificación delante de Dios sino delante de los hombres. Como los hombres no pueden ver la fe, tenemos que mostrársela por medio de buenas obras, que son el fruto de la justificación que hemos alcanzado delante de Dios.
Sobre todo en las epístolas es muy necesario conocer el propósito inicial con que fueron escritas para una recta y fácil interpretación de ellas.
D. La última cosa que debemos tomar en consideración para la recta interpretación es que la Biblia es un sólo libro inspirado por una sola mente, por cuya razón sus enseñanzas tienen que armonizar sin contradicciones. Por eso, no se puede formular una doctrina basada en un versículo independientemente de los demás que hablan sobre el mismo asunto. El que quiere conocer las enseñanzas de las Escrituras, libre de prejuicios y de previas interpretaciones, ha de comparar los pasajes que hablan sobre el asunto y entonces, a la luz de todos ellos formular la sana interpretación. Este es lo que se llama "analogía de la Fe.".
5. Figuras Retóricas
Hemos establecido ya la regla de que un pasaje debe ser interpretado literalmente a menos que por medio del contexto estemos seguros de que se trata de lenguaje figurado. El lenguaje figurado consta de formas poéticas o figuras retóricas de algunas de las cuales vamos a ocuparnos a continuación.
A. Metáfota - Alguien ha dicho que metáfora es una comparación implicada. O, como dice otro autor, es "una relación de semejanza". En el discurso del Señor, en Juan 15:5, tenemos un claro ejemplo cuando dice, "Yo soy la vid, vosotros los pámpanos". La comparación clara sería: "Yo soy como la vid, vosotros como los pámpanos", o para tener la misma fuerza de la semejanza: "Yo soy para vosotros como la vid es para los pámpanos". Otros ejemplo son: "Yo soy la Puerta", "Yo soy la luz" etc.
B. Símil - Esta figura distingue de la metáfora en que la comparación se establece claramente por el adverbio "como", por la expresión semejante a, o cualquiera otra frase adverbial de comparación. Cuando el Señor pronuncia Su profecía contra Jerusalén usa esta figura: "Jerusalem, Jerusalem, cuántas veces quise juntar tus hijos como la gallina junta sus pollos debajo de sus alas". (Mat. 23:37).
Otros ejemplos: "Como el relámpago, que sale del Oriente", (Luc. 17:24). "El reino de los cielos es semejante a la levadura", (Mat. 13:33).
C. Sinécdoque - Hacese uso de esta figura donde la parte se toma por el todo o el todo por la parte. Por ejemplo: El salmista pone la parte por el todo al decir: "Mi carne reposará segura", queriendo decir: mi ser, mi todo, reposará seguro. Cuando Pablo exhorta que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, está tomando la parte por el todo, queriendo decir que debemos presentar toda nuestra vida y nuestro ser entero en sacrificio vivo.
D. Metonimia - Cuando se emplea la causa por el efecto o el símbolo por la realidad. Por ejemplo: Cuando Abraham dice al rico: "A Moisés y a los profetas tienen", se refiere a los libros de Moisés y de los profetas usando a Moisés, que es la causa, por sus libros que son el efecto. Cuando Juan dice: "La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado", está tomando el símbolo por la realidad queriendo decir: La muerte expiatoria es la única cosa eficaz para satisfacer por el pecado y para limpiar al hombre mismo.
E. Hipérbole - Cuando una cosa es presentada mucho más grande o más pequeña de lo que realmente es apra presentarla más viva a la imaginación, entonces, se ha usado la hipérbole. Tal fue el lenguaje que usaron los espías a su regreso de la tierra prometida: "Vimos allí gigantes - y eramos nosotros a nuestro parecer, como langostas...las ciudades son grandes y amuralladas hasta el cielo". Ese lenguaje es el que usamos nosotros en la conversación diaria al decir, por ejemplo: "Te lo he dicho mil vece," o "Ya todo el mundo lo sabe"; expresiones en las que se aumenta la cantidad para dar fuerza a la expresión. También se dice: "Espérame un segundo", queriendo decir un rato. Aquí se habla de la cosa disminuyendo su valor con el mismo propósito.
F. Alegoría - Esta consta de varias metáforas unidas, representando cada una de ellas realidades correspondientes. Por ejemplo: Jesús hace una expresión alegórica al decir: "Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo". Si alguno comiere de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna... La expresión de esta alegoría que empieza en Juan 6:50 y termina en el versículo 65 tiene su explicación en el mismo pasaje y especialmente en los versículos 47, 63-65 y 68.
G. Fábula - Es una figura retórica en la cual se presenta un hecho mediante la personificación de animales o cosas. Por ejemplo: En II Reyes 14:9, dice: "El cardillo que está en el Líbano envió a decir al cedro que está en el Líbano: da tu hija por mujer a mi hijo." Aquí aparecen hablando estos dos árboles tomando el sitio o representando a los dos reyes de Israel y Judá. Otra fábula nos presenta Jotham en Jueces 9:8-15 relatando como los árboles eligieron al escaramjo por rey sobre todos; con cuya fábula hace comprender a los que habían elegido por rey a Abimelec las consecuencias funestas que les vendrían.
H. Parábola - Es una historia o relato terrenal con un significado celestial o espiritual. Este fue un método favorito usado por el Señor para presentar las grandes verdades del Evangelio. En algunos casos en el mismo pasaje está explicada la parábola. Para interpretar una parábola debe buscarse el objeto o el incidente que la motivó, esto puede ser la clave para entenderla. Al hacerse la interpretación deben tomarse en cuenta los rasgos principales solamente, pues, los rasgos de menos importancia son adornos para completar el cuadro.
I. Hebraísmos - Se entiende por hebraísmos aquellas características peculiares del idioma hebreo en que fue escrito el Antigüo Testamento.
1. Era la costumbre de los hebreos llamar a la persona hijo de la cosa que más le caracterizaba, de modo que al pacífico y bien dispuesto se le llamaba Hijo de Paz al iluminado o entendido, Hijo de Luz; a los desobedientes, Hijos de Desobediencia.
2. Las palabras "amar" y "aborrecer" se usaban para expresar preferencia de una cosa a otra, por ejemplo: "A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí" debe entenderse: "Preferí a Jacob en lugar de Esaú".
3. Con frecuencia usaban los judíos el nombre de los padres para designar a los descendientes. Decían: "Maldito sea Canaán", por decir, "Malditos sean los descendientes de Canaán".
4. La palabra hijo se usaba como en otros idiomas, para designar un descendiente más o menos remoto. Así es que los sacerdotes, por ejemplo, se llamaban Hijos de Leví.
CRISTO EN LA BIBLIA
Para que Ud. Pued tener una idea más clara en cuanto al lugar que Cristo ocupa en cada libro de la Biblia, le damos a continuación la lista respectiva.
Génesis - La simiente de la mujer
Exodo - El cordero pascual
Levítico - El sumo sacerdote
Números - La estrella de Jacob
Deuteronomio - Un profeta como Moisés
Josué - Grande capitán
Jueces - Mensajero de Jehová
Ruth - El pariente más cercano
I y II Samuel - Simiente de David
I y II Reyes - Rey de Reyes
I y II Crónicas - El verdadero Rey de Dios
Esdras - Señor del cielo y de la tierra
Nehemías - Señor del cielo y de la tierra
Esther - Nuestro Mardoqueo
Job - Redentor resucitado
Salmos - El Hio de Dios
Proverbios - Sabiduría
Eclesiastés - Encima del sol
Cantares - El amado
Isaías - El profeta suficiente y glorificado
Jeremías - Señor de justicia
Lamentaciones - Varón de Dolores
Ezequiel - El sumo sacerdote
Daniel - Rey
Oseas - el Hijo de Dios
Joel - El dador del Espíritu Santo
Amós - Tu Dios, Oh, Israel
Abdías - El Señor en Su Reino
Jonás - El profeta resucitado
Miqueas - El Bethlemista
nahás - El profeta resucitado
Miqueas - El Bethlemista
Nahúm - Portador de buenas Nuevas
Habacuc - El Señor en Su Santo Templo
Sofonías - El Señor en medio de Israel
Hageo - El deseado de las naciones
Zacarías - Profeta, Sacerdtoe, y Rey
Malaquías - El sol de Justicia
Mateo - El Rey de los Judíos
Marcos - El Siervo
Lucas - El hijo del Hombre
Juan - El hijo de Dios
Hechos - Cristo en el cielo
Romanos - El Señor de Justicia
I Corintios - Primicias de lso que durmieron
II Corintios - Nuestra suficiencia
Gálatas - Nuestra Libertad
Efesios - La Cabeza de la Iglesia
Filipenses - El Señor en el Cielo
Colosenses - La plenitud de dios
I y II Tesalonicenses - El Rey que Viene
I y II Timoteo - El Solo Poderoso
Tito - Dios nuestro Salvador
Filemón - Pagador de nuestra deuda
Hebreos - Nuestro Sumo Sacerdote
Santiago - El Médico Divino
I Pedro - El Cordero suficiente
II Pedro - El Señor de la Gloria
I Juan - El hijo de Dios que Viene
II Juan - Hijo de Dios e Hijo del Hombre
III Juan - Cooperador de la Verdad
Judas - El Juez que Viene
Apocalipsis - El que está sentado en el Trono
Se puede ver claramente que la Biblia es un libro Cristocéntrico. El Cristo es suplenitud, su centro, su interés, y su finalidad. De la Biblia puede decirse: "Porque la gloria de Dios la ilumina y la lumbrera de ella es el Cordero"
El términio LOGOS o VERBO está usado 200 veces a indicar Palabra de Dios escrita y 7 veces a indicar el Hijo de Dios Vivo. (Juan 1:1, 14:1;Juan 1:1, 5:7;Apoc. 19:13)
Estas palabras tienen varias comparaciones con:
Verdad - Juan 14:6, 1:14; Sal. 119:151; Juan 17:17.
Luz - Juan 1:4, 8:12; Prov. 6:23; Sal. 119:105.
Preciosa - I Ped. 2:6-7,II Ped. 1:4.
Admirable - Isa. 9:6, Sal. 119:129.
Para Siempre - Sal. 119:89, Mat. 24:34-35, I Ped. 1:25.
Vida - Juan 11:25, 14:6; I Ped. 1:23; I Juan 1:1.
Ambas Contribuyen a Salvación - Heb. 7:25, I Juan 5:18.
Probadas - Isa. 28:16.
Salvan - Hech. 16:31, I Cor. 15:2.
Purifican - Tito 2 :14, I Ped. 1:22.
Santifican - Juan 17:17, Heb. 10:14.
Juzgan - Juan 5:26-27, 12:48.
Glorifican - Rom. 15:9, Hech. 13:48.
Ambas palabras son expresiones de la mente de Dios
Palabra Viva - Heb. 1:3.
Palabra Escrita - Oseas 8:12.
Mensajeros de Dios para bendecir - Hech. 3:26, Luc. 11:28.
Ambas infalibles - I Juan 3:5, Prov. 30:3.
Tienen que recibir las dos para salvación - Juan 1:12, Sant. 1:21.
Ambas desechadas y despreciadas por el hombre natural - Isa. 53:3, Mar. 7:9.
El LOGOS de Dios es la expresión de Dios - sea en forma viva o forma escrita.
Considere los atributos de la palabra de Dios en Sal. 119:86 - fiel. 119:96 - ancho, 119:128 - recto, 119:129 - maravilloso, 119:140 - puro, 119:160 - eterno, 119:172 - justicia y lea también Sal. 19:7-11.
Doctrina del Hombre
El hombre: su creación
Origen del hombre
El Hombre Como Un Ser Creado
La Naturaleza Del Hombre
La caida del Hombre
ADAN ANTES DE LA CAIDA
ADAN DESPUÉS DE LA CAIDA
EL EFECTO DE LA CAÍDA DE ADÁN SOBRE TODO EL GENERO HUMANO
El Hombre Como Un Ser Creado
Habiéndose descubierto en el medio de un universo maravilloso y siendo del más alto orden de las criaturas físicas, el hombre, naturalmente, buscaría la forma de entender su propio origen tanto como el origen de todas las cosas existentes. Dado que la Naturaleza no revela la creación del hombre y la tradición no sería una fuente digna de confianza en la información, es razonable esperar que Dios revelaría los hechos esenciales acerca de la creación del hombre en la Biblia. En los primeros capítulos del Génesis, y donde se quiera en la Biblia, la creación del hombre se enseña claramente en la Escritura.
A causa de que el origen del hombre es un asunto natural para la investigación y especulación, aquellos que han tratado de contestar la pregunta aparte de la Escritura han hecho numerosas tentativas para explicar el origen del hombre. Estos hechos conflictivos demuestran que el hombre no tiene información cierta acerca de su origen a no ser la que la Biblia le pueda dar, y sólo en la Escritura uno puede esperar encontrar un relato completo y exacto.
Uno de los puntos de vista más comunes que se han levantado en contradicción con la doctrina de la creación del hombre revelada en la Biblia es la teoría de la evolución. Esta teoría es que de alguna manera llegó a la existencia siendo una célula viviente y de esta célula viviente el hombre evolucionó por un proceso de selección natural. La evolución intenta explicar todas las complicadas formas de vida en este mundo por este proceso natural.
De acuerdo a la teoría de la evolución, todas las plantas, animales y el hombre fueron formados por un proceso de pequeños cambios llevados a cabo por mutaciones, las cuales se creen que explican todas las especies. Sin embargo, las mutaciones son casi invariablemente dañinas más que beneficiosas, y nunca se han observado series de mutaciones que sean beneficiosas o que hayan producido una nueva especie. De acuerdo con esto, mientras que el registro bíblico reconoce que puede haber variaciones dentro de las especies, declara que Dios creó los animales «según su especie» (Gn. 1:21,24,25)
En contraste con los animales, el hombre fue hecho a la imagen y semejanza de Dios (1:26-27). Aunque muchos adeptos a la evolución admiten que es sólo una teoría y los fósiles revelan que no ha habido evolución sistemática de las formas más bajas de vida a las formas más altas, la evolución se constituye en la única explicación que el hombre natural ha sido capaz de ofrecer en contradicción a la doctrina bíblica de la creación; está basada claramente en un concepto naturalístico, más bien que en el origen sobrenatural del hombre.
De igual manera, la teoría de la así llamada evolución teísta -que Dios usó la evolución como un método- para ser sostenida depende de una negación del significado literal de la narración de la creación en la Biblia.
La doctrina de la creación del hombre está enseñada claramente en la Escritura (Gn. 1:1 - 2:25; Jn. 1:3; Col. 1:16; He. 11:3). El primer capítulo de Génesis se refiere a Dios como el Creador cerca de diecisiete veces, y se pueden encontrar cerca de cincuenta referencias más en la Biblia. Algunas enseñan directamente sobre la creación, y otros pasa- jes implican que Dios es el Creador de Adán y Eva (Ex. 20: 11; Sal. 8:3-6; Mt. 9:4-5; Mr. 10:6-7; Lc. 3:38; Ro. 5:12-21; 1 Co. " 11:9; 15:22, 45; 1 Ti. 2:13-14). El verdadero concepto de la creación es que Dios creó el mundo de la nada, puesto que en Génesis 1:1 no se hace mención de ninguna existencia previa.
Como se presenta en Génesis, el hombre es la máxima obra de Dios en la creación, y se declara que toda la creación tuvo lugar en seis días. Entre aquellos que aceptan la " Biblia como la obra inspirada de Dios se han dado diferentes explicaciones a estos días de la creación. Algunos ven la narración de Génesis 1 como una re-creación siguiendo una primera creación, la cual fue juzgada y destruida en conexión con la caída de Satanás y los ángeles caídos. Esto nos daría la evidencia de que el mundo inorgánico existía mucho antes de la creación descrita en los seis días de Génesis 1-2.
Algunos miran los seis días como períodos de tiempo, más cortos o más largos que veinticuatro horas, porque la palabra «día» a veces es usada para períodos más largos, así como en la expresión «el día del Señor». Otros insisten, sin embargo, que, dado que se usan los números con la palabra «día», debe aplicarse a un día de veinticuatro horas. En este caso se presupone que Dios creó el mundo con edad aparente, como lo hizo, por ejemplo, en la creación del hombre mismo y en el caso de los animales. Otros, sin embargo, señalan a la sugerencia de que el tiempo involucrado fue más largo que veinticuatro horas debido a expresiones como las de Génesis 1: 11, donde el árbol frutal se presenta creciendo de la tierra. Mientras que Dios podría haber creado un árbol completamente crecido, el hecho de que se diga que crece implica un período más largo que veinticuatro horas. Mientras que los evangélicos han diferido en la interpretación precisa del proceso de la creación, la mayoría de los intérpretes que sostienen la inspiración e infalibilidad de la Biblia atribuyen la presente existencia de los animales y del hombre a la creación inmediata de Dios, y en la Escritura no hay evidencia del desarrollo evolucionario de las especies por leyes naturales.
La Naturaleza Del Hombre
De acuerdo al testimonio de la Escritura, el hombre, en su forma humana presente, fue creado por Dios como la conclusión y consumación de toda la creación. Se dice del hombre que fue hecho a la imagen y semejanza de Dios (Gn. 1:26) y que Dios respiró en él el aliento de vida (Gn. 2:7). Estas distinciones califican al hombre por sobre todas las otras formas de vida que están sobre la tierra e indican que el hombre es una criatura moral con intelecto, capacidad para sentir y voluntad.
Hablando en líneas generales, la creación del hombre incluyó aquello que era material (el polvo) e inmaterial «(el aliento de vida»). Esta doble distinción tiene referencia al «hombre exterior» y al «hombre interior» (2 Co. 4: 16); «el vaso de barro» y «su tesoro» (2 Co. 4: 7). Mientras que el alma y el espíritu del hombre se presentan existiendo para siempre, el cuerpo retorna al polvo desde donde fue formado, y el espíritu va a Dios quien lo dio (Ec. 12:7). De acuerdo a ello, la gente puede matar el cuerpo pero no matar el alma (Mt.10:28).
Cuando la Escritura considera la parte inmaterial del hombre, a veces usa varios términos intercambiables (cf. Gn. 41:8 con Sal. 42:6; Mt. 20:28 con 27:50; Jn. 12:27 con 13:21; He. 12:23 con Ap. 6:9), aun aplicando estos términos a Dios (Is. 42:1; Jer. 9:9; He. 10:38) y a los animales (Ec. 3:21; Ap. 16:3). Algunas veces se distingue el espíritu, del alma del hombre (1 Ts. 5:23; He. 4:12).
A pesar de las altas funciones de la parte inmaterial del hombre, a veces se atribuyen al espíritu y a veces al alma (Mr. 8:36-37; 12:30; Lc. 1:46; He. 6:18-19; Stg. 1:21); el espíritu se menciona usualmente en las Escrituras como aquella parte del hombre la cual es capaz de contemplar a Dios, y el alma es aquella parte del hombre la cual está relacionada al yo y las varias funciones del intelecto, sensibilidades y voluntad del hombre.
Sin embargo, también se usan otros términos de la naturaleza inmaterial del hombre tales como el corazón (Ex. 7:23; Sal. 37:4; Ro. 9:2; 10:9-10; Ef. 3:17; He. 4:7). Otro término usado es aquel en cuanto a la mente del hombre, ya sea en referencia a la pecaminosidad de la mente del hombre no salvo (Ro. 1:28; 2 Co. 4:4; Ef. 4:17-18; Tit. 1:15), o a la mente renovada que posee un cristiano (Mt. 22:37; Ro. 12:2; 1 Co. 14:15; Ef. 5:17). Otras expresiones tales como «voluntad» y «conciencia» también se refieren a la parte inmaterial del hombre.
Dada la variedad de términos que a veces son usados en sentido similar y a veces en contraste el uno con el otro, muchos han considerado la división del hombre en material e inmaterial como la división básica; pero aun aquí expresiones como «alma» y «espíritu» a veces son usadas para la totalidad del hombre incluyendo su cuerpo.
Algunas religiones paganas sostienen que el origen inmaterial de la naturaleza del hombre es preexistente; esto significa que ha existido eternamente y sólo se encarna en el principio de la existencia humana; esto no está sostenido por la Escritura. Otro punto de vista ofrecido por algunos teólogos evangélicos es que el alma es creada por Dios en el principio de la existencia humana individual; esta teoría tiene dificultades en cuanto a la pecaminosidad del hombre.
Probablemente el mejor punto de vista, conocido como el traducianismo, es que el alma y el espíritu fueron propagados por generación natural, y por esta razón el hombre recibe un alma y espíritu pecaminosos, porque sus padres son pecadores.
El cuerpo humano del hombre es la habitación del alma y el espíritu del hombre hasta que muera. Aunque acaba con la muerte, está sujeto a resurrección. Esto es verdadero en cuanto a los salvos y los no salvos, aunque las resurrecciones son diferentes. A veces el cuerpo tiene referencia como la «carne» (Col. 2:1, 5), y se usa para el cuerpo de Cristo) (1 Ti. 3: 16; 1 P. 3: 18). Otras veces se refiere a la naturaleza pecaminosa, la cual incluye el alma y el espíritu, como en la declaración de Pablo que él había «crucificado la carne» (Gá.5:24).
De acuerdo a ello, la carne no debe considerarse sinónimo con el cuerpo en todos los pasajes, puesto que puede implicar todo el hombre no regenerado.
Los cuerpos de las personas salvas son declarados como «templos» (Jn. 2:21; 1 Co. 6: 19; Fil. 1 :20), aunque al mismo tiempo sus cuerpos son considerados como «vasos de barro» (2 Co. 4:7), cuerpos «viles» (Fil. 3:21), cuerpos para ser mortificados (Ro. 8:13; Col. 3:5) y cuerpos los cuales tienen que ser mantenidos en sujeción (1 Co. 9:27). Los cuerpos de los salvos serán transformados, santificados, salvados y redimidos y finalmente glorificados para siempre en la venida de Cristo por su Iglesia (Ro. 8:11,17-18,23; 1 Co. 6:13-20; Fil. 3:20-21). Jesucristo poseía un cuerpo humano perfecto antes de su muerte, y después de su resurrección tenía un cuerpo de carne y hueso que es el ejemplo del cuerpo de resurrección del creyente. El término «cuerpo» se usa también como una figura de la iglesia como el cuerpo de Cristo y del cual Cristo es la cabeza.
La caida del Hombre
El problema de cómo el pecado entró en el universo es un asunto en el cual cada sistema encuentra obstáculos. Sin embargo, solamente la Biblia provee una explicación razonable. Como fue visto en el estudio previo de los ángeles, el pecado entró primeramente en el universo en la rebelión de algunos de los santos ángeles guiados por Satanás, lo cual ocurrió bastante antes de que el hombre fuera creado.
Los primeros capítulos del Génesis registran la caída en el pecado por Adán y Eva. Las varias interpretaciones de este hecho nos llevan a considerarlo un evento literal que explica la pecaminosidad de la raza humana o al intento de explicarlo como algo no histórico o como un mito. La interpretación ortodoxa, sin embargo, es que el acontecimiento tuvo lugar exactamente como se registra en la Escritura, y ésta es la manera en que se relata en el resto de la Biblia.
La caída del hombre en pecado puede considerarse desde tres aspectos:
1) Adán antes de la caída,
2) Adán después de la caída, y
3) el efecto de la caída de Adán sobre la raza humana.
ADAN ANTES DE LA CAIDA
ADAN DESPUÉS DE LA CAIDA
EL EFECTO DE LA CAÍDA DE ADÁN SOBRE TODO EL GENERO HUMANO
ADAN ANTES DE LA CAIDA
En palabras de peculiar sencillez, la Biblia introduce en la historia al primer hombre y a la mujer que le fue dada por compañera. Estos dos seres fueron unidos como «una sola carne», y según el concepto divino esto es lo que constituye la verdadera unidad. Aunque tanto el hombre como la mujer pecaron y cayeron, la Biblia se refiere a este fracaso mutuo como a la caída del hombre.
No es posible hacer cálculos en cuanto a la extensión del período durante el cual Adán y Eva permanecieron en su condición original; sin embargo, es evidente que fue un tiempo suficiente como para que pudieran acostumbrarse a la situación en que habían sido colocados, para observar con cuidado y darle nombre a las criaturas vivientes y experimentar la comunión con Dios. Semejante a todas las obras de Dios, el hombre fue creado «bueno en gran manera» (Gn. 1:31), que significa que él era agradable al Creador. Esto implica más que Adán era inocente, siendo este último término de carácter negativo y sugiriendo simplemente que el primer hombre no había cometido pecado. La santidad, que es el principal atributo de Dios, es un término positivo e indica que El es incapaz de pecar.
El hombre, dado que fue hecho a la imagen de Dios, tenía una personalidad completa y la capacidad moral de tomar decisiones. En contraste con Dios quien no puede pecar, tanto los hombres como los ángeles podían pecar. Como fue visto en el estudio anterior sobre los ángeles, Satanás pecó (Is. 14: 12-14; Ez. 28:15), y tras él fueron otros ángeles, de quienes se ha escrito que «no guardaron su original estado (Jud. 6, V.M.). Debido al hecho de que Satanás y los ángeles caídos pecaron primero, el hombre no originó el pecado, pero se convirtió en un pecador debido a la influencia satánica (Gn. 3:4-7).
El relato de cómo pecaron Adán y Eva está revelado en Génesis 3:1-6. De acuerdo a esto, Satanás apareció en la forma de una serpiente, una criatura la cual en ese tiempo era un animal muy hermoso y atractivo. Como lo registra la Biblia, Dios había dado a Adán y Eva una prohibición: ellos no deberían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. De acuerdo a Génesis 2: 17, Dios dijo: «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.» Esta prohibición relativamente simple era una prueba para ver si Adán y Eva obedecerían a Dios.
En su conversación con Eva, Satanás introdujo esta prohibición diciéndole a Eva: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?» (Gn. 3:1). Lo que quiso implicar era que Dios estaba escondiendo algo que era bueno y que El estaba siendo muy severo innecesariamente en su prohibición. Eva le contestó a la serpiente: «Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis» (Gn. 3: 2-3).
En su respuesta Eva cayó en la trampa de Satanás al dejar fuera la palabra «libremente» en el permiso de Dios de comer de los árboles del huerto, y también ella dejó fuera la palabra «seguramente» en la advertencia de Dios. La tendencia natural del hombre de minimizar la bondad de Dios y de magnificar su severidad son, desde entonces, características familiares de la experiencia humana. Satanás inmediatamente se aferró de la omisión de la palabra «seguramente» en cuanto al castigo y le dijo a la mujer: «No moriréis: sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Gn. 3:4-5).
En su conversación con la mujer, Satanás se revela como el engañador. La seguridad del castigo se desafía directamente y se niega así expresamente la Palabra de Dios.
El hecho de que comiendo del fruto sus ojos serían abiertos al conocimiento del bien y del mal era verdad, pero lo que Satanás no reveló fue que ellos tendrían el poder de conocer el bien y el mal sin el poder de hacer el bien.
De acuerdo a Génesis 3:6, la caída de Adán y Eva en el pecado está registrada así: «y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» Si Satanás le sugirió esto a la mujer o si ella llegó a estas conclusiones por sí misma no lo dice la Escritura.
Sin embargo, se nota aquí el modelo familiar de la tentación en tres líneas indicadas en 1 Juan 2:16: el hecho de que el fruto era bueno para comer apeló a la «concupiscencia de la carne»; el hecho de que era «agradable a los ojos» apeló a la «concupiscencia de los ojos»; y el poder del fruto del árbol de hacerlos sabios apeló a la «vanagloria de la vida». Un ejemplo similar de tentación fue seguido por Satanás en la tentación de Cristo (Mt. 4:1-11; Mr. 1:12-13; Lc. 4:1-13).
Eva fue engañada en tomar del fruto, y Adán siguió su ejemplo aunque él no fue engañado (1 Ti. 2:14).
ADAN DESPUÉS DE LA CAIDA
Cuando Adán y Eva pecaron perdieron su bendito estado en el cual ambos habían sido creados y vinieron a ser objeto de varios cambios trascendentales.
1. El hombre cayó bajo el dominio de la muerte espiritual y física. Dios había dicho: «Porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17); y esta divina sentencia se cumplió. Adán y Eva sufrieron inmediatamente la muerte espiritual, que significa separación de Dios. Y a su debido tiempo sufrieron también el castigo de la muerte física, que significa el acto por el cual el alma se separa del cuerpo.
2. El juicio de Dios también cayó sobre Satanás, y la serpiente fue condenada a arrastrarse en el suelo (Gn. 3:14) La lucha entre Dios y Satanás se describe en Génesis 3:15 en lo que se relaciona con la raza humana, y Dios dice: ¡; «y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Esto se refiere al conflicto entre Cristo y Satanás, en el cual Cristo murió en la cruz, pero no pudo ser retenido por la muerte, como se anticipó en la expresión «Tú le herirás en el calcañar».
Sin embargo, la última derrota de Satanás está indicada en el hecho de que la simiente de la mujer le «herirá en la cabeza», esto es, infringirle una herida mortal y permanente. La simiente de la mujer se refiere a Jesucristo, quien en su muerte y resurrección conquistó y venció a Satanás.
3. Un juicio especial también cayó sobre Eva, la cual experimentaría dolor al dar a luz sus hijos y se debería de someter a su esposo (Gn. 3:16). El hecho de que se produciría la muerte haría necesario que se produjeran múltiples nacimientos.
4. Una maldición especial cayó sobre Adán, al cual le fue asignada la dura labor de trabajar la tierra, ahora maldita con espinos y cardos, para obtener la comida necesaria para su continua existencia. De acuerdo con esto, la misma creación sería cambiada por el pecado del hombre (Ro. 8:22).
Más adelante la Escritura indica cómo los efectos del pecado serían parcialmente aliviados por medio de la salvación en el caso del hombre y por un levantamiento parcial de la maldición en el futuro reino milenial. Adán y Eva, sin embargo, después de la caída fueron conducidos fuera del huerto y comenzaron a experimentar el dolor y la lucha que han caracterizado a la raza humana desde entonces.
EL EFECTO DE LA CAÍDA DE ADÁN SOBRE TODO EL GENERO HUMANO
El efecto inmediato del pecado sobre Adán y Eva fue que éstos murieron espiritualmente y llegaron a estar sujetos a la muerte espiritual. Su naturaleza se depravó y, por tanto, la raza humana experimentaría la esclavitud del pecado. Además del cambio de la suerte del hombre y su ambiente, la Biblia también revela una profunda doctrina de imputación, que pone de relieve la verdad que Dios ahora acusó a Adán con pecado y, como resultado, acusó a sus descendientes con la responsabilidad del primer pecado de Adán.
Las Escrituras mencionan tres grandes imputaciones:
1) El pecado de Adán es imputado a su posteridad (Ro. 5: 12-14) ;
2) el pecado del hombre es imputado a Cristo (2 Co. 5: 21) ; y
3) la justicia de Dios imputada a los que creen en Cristo (Gn. 15:6; Sal. 32:2; Ro. 3:22; 4:3,8,21-25; 2 Co. 5:21; Flm. 17-18).
Es obvio que se efectuó un traspaso de carácter judicial del pecado del hombre a Cristo, quien llevó sobre su cuerpo en el madero el pecado del género humano. «Mas Jehová cargó en El el pecado de todos nosotros» (Is. 53:5; Jn. 1:29; 1 P. 2: 24; 3: 18). De igual manera hay un traspaso de carácter judicial de la justicia de Dios al creyente (2 Co. 5:21), puesto que no podía haber otro fundamento de justificación o aceptación delante de Dios. Esta imputación pertenece a la nueva relación espiritual que el creyente disfruta con Dios en la esfera de la nueva creación.
Estando unidos al Señor por el bautismo del Espíritu (1 Co. 6:17; 12:13; 2 Co. 5:17; Gá. 3:27), y vital mente relacionados con Cristo como un miembro de su cuerpo (Ef. 5:30), se sigue que cada virtud de Cristo es comunicada a los que han llegado a ser una parte orgánica de El. El creyente está «en Cristo» y, por consiguiente, participa de todo lo que Cristo es.
Así, también los hechos de la antigua creación son traspasados de manera real a aquellos que por generación natural están «en Adán». Ellos poseen la misma naturaleza de Adán, y se dice, además, que ellos han pecado en él. Esto es un hecho tan real que llega a ser en sí mismo la base suficiente del juicio divino decretado en contra del pecado; al igual que la imputación de la justicia de Dios en Cristo es el fundamento satisfactorio para la justificación. Y el resultado es el juicio de Dios sobre todos los hombres, ya sea que. ellos hayan pecado o no según la trasgresión de Adán. A pesar de que los hombres sostengan, como generalmente lo hacen, que ellos no son responsables del pecado de Adán, la revelación divina afirma que, debido a los efectos trascendentales de la relación representativa que todos los seres humanos tienen con Adán, el pecado original del primer hombre es inmediata y directamente imputado a todos los miembros de la raza, con la invariable sentencia de muerte descansando sobre todos ellos (Ro. 5:12-14). De igual manera, el pecado original de Adán es transmitido en la forma de naturaleza pecaminosa indirectamente, o sea, por herencia, de padre a hijo, a través de todas las generaciones. El efecto de la caída es universal; así también lo es la oferta de la divina gracia.
La caída de los hombres no se efectúa cuando cometen su primer pecado; ellos han nacido ya en pecado, como criaturas caídas, procedentes de Adán. Los hombres no se convierten en pecadores por medio de la práctica del pecado, sino que ellos pecan debido a que por naturaleza son pecadores. Ningún niño necesita que se le enseñe a pecar, pero cada niño tiene que ser estimulado a realizar el bien.
Debe observarse que, no obstante que la caída de Adán pesa sobre toda la Humanidad, es evidente que hay una provisión divina para los infantes y para todos aquellos que no tienen responsabilidad moral.
Los santos juicios de Dios tienen que caer sobre todos los pecadores no redimidos:
1) por causa del pecado imputado;
2) por causa de la naturaleza pecaminosa que todos han heredado;
3) por causa de que todos están bajo pecado; y 4) por causa de sus propios pecados.
Si bien es cierto que estos juicios divinos no pueden atenuarse, el pecador puede escapar de ellos por medio de Cristo. Estas son las buenas nuevas del Evangelio.
La pena que descansa sobre la antigua creación es:
1) muerte física, por la cual el alma se separa del cuerpo;
2) muerte espiritual, la cual, semejante a la de Adán, es el estado presente de los perdidos y la separación entre el alma y Dios (Ef. 2:1; 4:18-19); y
3) la segunda muerte, o sea, la eterna separación entre el alma y Dios y la expulsión de los perdidos de la presencia de El para siempre (Ap. 2:11; 20:6,14; 21:8).